Fuerza y lesiones


Todos sabemos que el hándicap de cualquier deportista ya sea amateur o profesional, es sufrir una lesión. Uno de los momentos más duros que tal vez mande al traste mucho trabajo conseguido. Este evento, trae consigo un proceso que lo mantiene alejado de su actividad durante un tiempo determinado, incluso interfiriendo en su vida laboral y familiar. Una pausa que es necesaria para que el tejido lesionado se repare completamente para volver a practicar ese deporte del que tanto disfruta.

Dentro de ese abanico de lesiones al que puede estar expuesto un deportista, las lesiones musculares son, probablemente, las que más incertidumbre provocan. Esas que muchas veces se saldan con una buena recuperación y, otras tantas veces no acaban de encajar en la realidad deseada.

En el primer momento de la lesión muscular, tanto el deportista como el fisioterapeuta, deben tener en mente dos objetivos: volver a la práctica deportiva y a la competición cuanto antes y evitar posteriores recidivas. El primero es sinónimo de estar en las mejores condiciones posibles (físicas y mentales) con un tejido cicatrizado perfectamente (biológicas).

Hasta aquí muy fácil. Pero, ¿por qué después de una lesión muscular hay deportistas que recaen?

El porqué de la recidiva debe ser estudiado e individualizado a cada deportista. Las lesiones no ocurren por un solo factor, sino porque los factores de riesgo interactúan en el momento en un evento incitador. A pesar de ello, es necesario intentar descifrar algunos puntos clave.

En lo concerniente a la lesión muscular, son tres los factores de riesgo principales que deben ser estudiados: haber sufrido una lesión muscular previa, la calidad de la fuerza muscular y la fatiga muscular. El primero de ellos es un factor no modificable, pero tanto la calidad de la fuerza como la fatiga muscular son puntos clave que se pueden manejar. Durante las siguientes líneas, nos hemos decantado por escribir sobre la calidad de la fuerza.

La fuerza es la capacidad más influyente en un deportista, ya que sin ella no se produce movimiento. Por ello, tras una lesión muscular es imprescindible recuperar la fuerza presente antes del momento lesional. Perdón, no solamente recuperarla, sino mejorarla. Es decir, el deportista debe reaparecer en la competición en mejor estado del que la abandonó.

Normalizar y mejorar la fuerza muscular será una pieza fundamental en el proceso de recuperación. Pero no solo en cantidad, sino también en calidad de la fuerza.

De este modo, cobra gran relevancia el hecho de evaluar la calidad de la fuerza muscular y, más concretamente, un concepto biomecánico denominado excursión muscular. En primer lugar, fisiológicamente el número de sarcómeros dispuestos en paralelo determina la capacidad de fuerza de una fibra muscular individual, pero los dispuestos en serie la distancia que una fibra muscular se puede acortar. Este último término está relacionado con el de excursión muscular: distancia en que un músculo es capaz de acortarse después de llevarlo a su máxima elongación. Por lo tanto, una fibra muscular con alto potencial de excursión determina una composición con miofibrillas largas. 

Esta noción está asociada con el mecanismo lesional del músculo, debido a que generalmente y cuando son de manera indirecta, las lesiones musculares ocurren durante rangos externos y en plena contracción excéntrica (fase final del swing, frenada…).

Por lo tanto, y siguiendo esta metodología, uno de los objetivos dentro del proceso de recuperación será mejorar el momento de fuerza del músculo para que sea lo más distal posible al foco lesional. Para conseguir esta meta el ejercicio es nuestro gran aliado, siempre y cuando el tejido esté preparado y se proceda en una progresión gradual durante todo el proceso de readaptación. 

Para que esto ocurra, se ha demostrado que la forma más potente de trasladar el pico de fuerza distalmente es a través de entrenamiento excéntrico y en amplitud externa. Además, otra opción al alcance del deportista es junto con trabajo concéntrico, siempre y cuando se realice en amplios recorridos de movimiento.

La lesión y la vuelta a la competición van de la mano de la cantidad de riesgo que se quiera tomar. El ejercicio es la clave de la recuperación. A pesar de ello, es crucial respetar la fase de curación del tejido y aplicar una carga adecuada según el momento en el que se encuentra el deportista. A partir de ahí, movimiento, movimiento y más movimiento.

El proceso comprende desde las estrategias de readaptación con el fisioterapeuta para volver a la carga óptima de entrenamiento y posterior seguimiento tras el return to play, hasta la periodización del entrenamiento de fuerza por parte del entrenador (CAFD) una vez la lesión está curada y así evitar recidivas.

Lo mejor para evitar lesiones es ponerte bajo el asesoramiento de profesionales, al igual que se hace cuando hay una lesión instaurada.

 

Para saber más:

  • Muscle Injury Guide: Prevention of and return to play from muscle injuries. Barça Innovation Hub. 2018.
  • Muscle Injuries Clinical Guide 3.0. FC Barcelona. January 2015.

 

Fuente: Iván Monzó (arturosuch.com)


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